Más redes sociales y menos Prozac

 Más redes sociales y menos Prozac



Más redes sociales y menos Prozac
La ironía nos ayuda a vivir
Nuestras pulsiones se han purgado en el confesionario parroquiano, In vino veritas, desahogarse, y en el diván freudiano los que se lo pueden pagar. Sócrates se definía como un "partero intelectual" un método que él llamaba mayéutica de μαιευτική (maieutiké), "técnica de asistir en los partos". Sócrates utilizaba el diálogo y las preguntas para ayudar a sus interlocutores a "dar a luz" o descubrir la verdad y el conocimiento que ya residía dentro de ellos mismos.
Meta tiene una pasarela para egos de ciudadanos corrientes, Facebook, y pasarela más pretenciosa para egos de gente glamurosas, de luces de neón, Instagram. El espectro sociológico está cubierto. Vías de desahogos de nuestras pulsiones freudianas: pasarelas fugaces de nuestros egos. Nuestras humildes hogueras de vanidades que nos sirven para purgar nuestras almas, catarsis de nuestros fantasmas internos. Vender nuestras almas al diablo: datos e intimidad con consentimiento informado que diría George Orwell en su novela "1984". Los propietarios de las pasarelas obtienen cuantiosos beneficios.
Aún están por determinar los efectos terapéuticos de los algoritmos, su contribución a la sociabilidad. El sólo hecho de un "Me gusta" da confianza, seguridad y compañía a millones de corazones solitarios o de falta de interés.
No sabemos la importancia que tuvieron para nuestra evolución la pinza que forman en las manos los dedos pulgares e índices, el lenguaje y la creación de imágenes como las que hay en las Cuevas de Altamira.
Es curioso que lo nimio y lo trascendente se entrecruzan en nosotros sin solución de continuidad, la piel no se rompe. Una toma de tierra, cotidianidad, y una ensoñación en el cielo son nuestros asideros.

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