El hombre sin atributos
El hombre sin atributos
Colombia en el foco de la noticia
Es curioso que lo nimio y lo trascendente se entrecruzan en nosotros sin solución de continuidad, la piel no se rompe. Una toma de tierra, cotidianidad, y una ensoñación en el cielo son nuestros asideros .
Recordaba la teoría del buen salvaje roussoniano, "La ciudad del Sol", de T. Campanella, "Utopía", de Tomás Moro, "Los falansterios" de Fourier, "Un mundo feliz" de Aldous Huxley.
Entre la utopía y la cruda, triste y sórdida realidad.
Entre la alienación y la condición humana.
Entre Rousseau y Hobbes.
Por utilizar un eufemismo, los no presentables han ganado las elecciones en : EE.UU. , Argentina, Chile,Ecuador, Bolivia ... y próximamente en Colombia y Perú.
<< Ulrich no tenía inconveniente en aceptar que un hombre inteligente posee la peculiaridad de tener una inteligencia más primitiva que sus atributos. Quizá no es esto del todo exacto, pero lo que nosotros sabemos del origen del bien y del mal induce a pensar que cada uno tiene un número de talla interior, y que esa talla puede ser cubierta por los trajes más diversos, si así lo dispone el destino >>.
"El hombre sin atributos" de Robert Musil
Los sonámbulos
<< Bertrand notó inmediatamente que no se había expresado con suficiente claridad :
— Bueno, lo mas persistente en nosotros son los llamados sentimientos. Arrastramos un fondo indestructible de conservadurismo. Son los sentimientos, o mejor dicho, los convencionalismos del sentimiento, ya que en realidad están muertos y son atávicos.
—- ¿ Usted considera, pues los principios conservadores como atavismos?
—- Oh, a veces sí no siempre. Aunque en este caso no se trata de eso. Creo que el sentimiento que tenemos en la vida va siempre rezagado, respecto a la vida real, medio siglo o un siglo. El sentimiento es siempre de hecho menos humano que la vida que vivimos.
(…) El sentimiento es apático y por eso es incomprensiblemente cruel. El mundo está dominado por la apatía del sentimiento >>.
“Pasenow o el romanticismo” de la trilogía Los sonámbulos, de Hermann Broch. Ver menos

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