El fracaso económico de la España decimonónica
El fracaso económico de la España decimonónica
Más textos de investigación histórica como "El desarrollo de la España contemporánea. Hª. económica de los siglos XIX y XX" de Clara Eugenia Núñez, catedrática de Historia e Instituciones Económicas de la UNED y Gabriel Tortella Casares, catedrático emérito de Historia de la economía en la Universidad de Alcalá de Henares y menos tertulias de radio, televisión e Internet que intoxican.
He cambiado el orden del podcast, transcribiendo lo que va entre paréntesis en primer lugar.
(Con el estado absorbiendo todo el crédito, la industria nacional estaba asfixiada, las fábricas tenían maquinaría absoleta y no podían competir con el acero alemán o las telas británicas. Si competir a mar abierto significa hundirte seguro, ¿qué haces? Pues pedirla al estado que ponga candados en las fronteras, que levante una muralla gigante en 1891. El texto habla de una gran alianza de intereses que sostuvo esa barrera arancelaria. Por un lado, los textiles catalanes pidiendo monopolio, Por otro, los siderúrgicos vascos. Pero lo de los cerealistas castellanos me parece fascinante. Es que el impacto del barco del barco de vapor fue un shock brutal en 1880, traer trigo de los EE.UU. o argentina en barco de vapor era más barato era más barato que llevarlo en carro desde el interior de España. Los terratenientes entraron en pánico absoluto. Canovas junto a esos tres sectores y les regaló un mercado nacional cautivo. Se usaba mucho el argumento de proteger a la industria naciente. Protegerles hasta que aprendan a competir, sobre el papel suena bien, proteger el empleo suena bien, pero la realidad fue una tragedia porque esa protección no fue temporal, fue permanente. Se protegió la ineficencia. Sin competencia externa no hay incentivo para imnovar ni bajar precios, y el daño social fue enorme. Al bloquear el trigo barato, el precio del pan se encareció brutálmente para los trabajadores más pobres y esto fue un empobrecimiento directo. Los exportadores de vino y naranjas salieron perdiendo por las represalias comerciales de otros paises. Es el ejemplo perfecto de favorecer a unos pocos influyentes y repartir los costes entre millones de consumidores. Para rematar la asfixia nos faltaba la política monetaria, cuando no podían exprimir más la deuda, el Estado echó mano del monopolio del dinero. El año clave es 1874. En plena crisis de las guerras carlistas, el Gobierno le da al Banco de España el monopolio absoluto para emitir billetes, tener la máquina de imprimir dinero y financiarse ellos mismos a cambio del monopolio, el banco le daba adelantos al tesoro público. La mecánica es implacable. Si inyectas un monton de billetes sin que haya producción real se produce inflacción. El dinero vale menos. Una peseta depreciada que nos obligó la inconvertibilidad del billete. España se quedó fuera del prestigioso patrón oro, que era lo que daba estabilidad y atraía inversiones internacionales. Nos aislamos por monetizar el déficit. Con una peseta devaluada importar maquinaria moderna para industrializarnos era todavía muy caro. Un círculo vicioso perfecto y letal.
Recapitulando la radiografía de los catedráticos Tortella y Núñez, el Estado del siglo XIX fue fuerte en lo dañino, o sea, burocracia, deuda tóxica, proteccionismo, y trágicamente débil en lo esencial, educación e infrestructura. Durante todo el siglo XIX el Estado creó un ecosistema donde era mucho más rentable sobornar a un concejar para no pagar impuestos o tener un contacto en Madrid para lograr un arancel que invertir en tenología y competir de verdad.
La pregunta es , ¿hasta qué punto esa cultura de la infuencia y la evasión se quedó grabada en el ADN institucional del país?¿ Es posible que esa inercia fuera lo que retrasó nuestra verdadera modernización casi 100 años más? Las mentalidades perviven mucho tiempo despues de que los carruages hayan desaparecido).
El podcast de 16 minutos, didáctico y bien documentado, un buen resumen para entender el atraso endémico español. Siguiendo el hilo conductor del trabajo de investigación histórica "El desarrollo de la España contemporánea. Hª. económica de los siglos XIX y XX" de Clara Eugenia Núñez, catedrática de Historia e Instituciones Económicas de la UNED y Gabriel Tortella Casares, catedrático emérito de Historia de la economía en la Universidad de Alcalá de Henares.
<< En nuesta inmersión a fondo de hoy vamos a zambullirnos en una pila fascinante de apuntes y estudios sobre la historia económica de España. Concratamente nos basamos en el capítulo 7 de la obra de los historiadores Tortella y Núñez. la misión de esta sesión es diseccionar una de las mayores paradojas históricas. Cómo el Estado español del siglo XIX fue a la vez el mayor obstáculo para el desarrollo del país. Es como tener a un cirujano que resulta ser al mismo tiempo la bacteria que te causa la infección. La falta de recursos condicionó cada decisión política durante 100 años. La tesis central que presentaba estos autores es demoledora. Básicamente el Estado español del siglo XIX fue en términos económicos un estado fallido. Una institución demasiado débil para hacer lo que debe hacer un estado moderno, que es recaudar de forma equitativa e invertir en bienes públicos. Pero aquí está la tragedia, era lo suficientemente fuerte e intervencionista como para distorsionar por completo el libre mercado. Para entender este nivel de caos hay que empezar por el principio. Si el estado es el motor, los impuestos son la gasolina. Al revisar las fuentes queda clarísimo que a principios del siglo XIX ese depósito estaba lleno de agujeros por todas partes. Venían del caos absoluto del antiguo régimen. No era un sistema, era un mosaico de parches medievales. Rentas provinciales, diezmos. Aduanas interiores que encarecían mover un simple carro de trigo de una provincia a otra; el diezmo eclesiástico. La nobleza y el clero tenían casi toda la riqueza y no pagaban impuestos directos. Un modelo completamente insostenible para un país moderno. En 1845 llegó la famosa reforma fiscal de los ministros de Mon- Santillán. Que leyendo los textos sobre el papel parece una obra de arquitectura financiera bastante sensata. Como diseño teórico estaba bien. Se limpian los impuestos antiguos y se crea un sistema dual. Por un lado contribuciones directas sobre la tierra y la industria y por otro impuestos indirectos sobre el consumo. La ejecución práctica fue un desastre estructural de proporciones épicas. Para cobrar un impuesto sobre la propiedad agraria en un país rural necesitas sí o sí un catastro moderno. Necesitas saber quién es el dueño de cada parcela y cuánto y cuánto ptoduce.Y España no tenía ese catastro. Hacerlo era carísimo y no había burocracia técnica para ello y chocaba frontálmrnte con las élites. Sin catastro oficial, el Estado tenía que preguntarles a los terratenientes cuánto querían pagar. El fraude fiscal no era una anécdota, era la norma. Las cuotas se repartían a nivel local. ¿Quién controlaba los ayuntamientos? Los mismos grandes propietarios y los caciques. Se asigmaban cuotas irrisorias y ocultaban toda su riqueza a la hacienda pública, Además de esta asimetría social se consolidó una asimetría territorial. La de los territorios forales. País Vasco y Navarra, después de las guerras carlistas, quedaron al margen mediante el concierto y el convenio Pagaban un cupo político, cerrado, casi siempre muy por debajo de su peso económico real.
Para imaginar el daño de todo esto, imaginemos una gran cena compartida. Hay 100 personas en un restaurante, a la hora de pagar los comensales más ricos esconden sus carteras debajo del mantel y dicen que sólo han vevido agua. ¿ Y qué hace el dueño para no quebrar? Pues se va a la puerta y multiplica por cinco el precio del pan, del aceite y de los cubiertos de los trabajadores que estan entrando a cenar. Esos fueron impuestos muy regresivos. Quien menos tenía gastaba todo su jornar en comer., así que la presión fiscal le asfixiaba. No sorprende que hubiera estallidos sociales, Los famosos motines de consumo. La gente no se levantaba por ideologías abstractas, quemaban las casillas de cobro porque literalmente el impuesto no dejaba alimentar a sus familias. Sipermites un fraude masivo a los ricos y dependes de arañara céntimos a las clases populares, las cuentas no van a cuadrar. Las matemáticas son implacables y ahí es donde Hacienda contrae su enfermedad crónica del siglo XIX, el déficit ininterrumpido. El "agujero negro". Los datos de Tortella y Núnez son concluyentes. Entre 1850 y1900, tener déficit fue la norma. El estado gastaba sistemáticamente entre un 20 y 30 % más de lo que ingresaba. Siuna institución gasta tanto y se endeuda de esa manera monstruosa, uno pensaría que ese dinero se esta invirtiendo en construir el futuro, ¿no? Uno se imagina ferrocarriles,escuelas, puertos. Pero al ver el desglose en las fuentes, la decepción es mayuscula. Es un espejo del atraso del país. Fíjate en como se repartía la tarta. Durante casi todo el siglo, hasta el 50%del gasto total iba sólo a pagar intereses de la deudas pasadas. Entre un 20 y un 30% para mantener la burocracia civil. Cuando llegamos a lo que genera crecimiento a largo plazo, los números dan vértigo. Educación menos del 3%. En obras públicas, con suerte el 10% en los mejores años. El texto compara esto con Prusia en 1870 que invertía más deñ 20% en edducación. Los gobiernos priorizaban para no colapsar hay que sacrificar el mañana. El problema grave es como financiaron esta supervivencia , y como eso destrozo la economía española. Aquí entra un concepto vital, el efecto expulsión o crowding out. Para cubrir ese déficit, el Estado emite deuda pública a lo loco y como había mucha inestabilidad, tenían que ofrecer intereses altísimos para que alguien comprara esos bonos. Pensemos en el Estado como una esponja gigante y reseca en medio de un charquito diminuto, que eran los escasos ahorros del país. La esponja lo absorbió todo de golpe. Todo el capital disponible. Si un emprendedor quería montar una fábrica moderna de hilados, los banqueros les cerraban la puerta. ¿Por qué prestarle a una fábrica al 5% con riesgo de quebrar si el Estado les daba un8 o un 10% totalmenteseguro? El Estado barrio a la inversión privada, secuestro por completo el desarrollo industrial. Generó una bola de nieve inmanejable porque emitía deuda nueva para pagar los intereses de la vieja. Un esquema Ponzi o estafa piramidal. Un esquema Ponzi que inevitablemente acaba en colapso. Hubo suspensiones de pago en 1820,31,34. Una tras otra destruyendo el prestigio del país. En París y Londres nos veían como un "prestatario tóxico", persona o empresa con baja solvencia y un historial crediticio deficiente. Y eso nos lleva al ministro Bravo Murillo en 1851. Cuando está todo tan hundido qur haces, pue él se saco de la manga un truco de magia contable. Hizo la gran conversión de deuda, una quita soberana encubierta. Obligó por decreto a los que cobraban intereses del 8 % a cambiar sus bonos por otros nuevos al 3%. A corto plazo dio oxígeno a las arcas públicas, pero el coste a largo plazo fue una desconfianza c´ronica de los mercados internacionales.
Saltamos a finales de siglo, a 1898, el año del desastre. Se pierde Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Se evapora el Imperio. Pero lo interesante es que pasa con la deuda cubana. Durante la guerra Madrid había emitido bonos respaldados por las aduanas de Cuba, mucho dinero. Al firmar la paz, EE.UU. se niega en rotundo a asumir esa deuda. Argumentan con bastante cinismo, pero con lógica, que ese dinero se gastó para reprimir a los cubanos. De la noche a la mañana España se queda sin colonía, pero hereda toda la factura de la guerra. Parecia la quiebra absoluta, pero aquí la historia da un giro loquísimo. Ese trauma engendro un milagro fiscal fugaz. El plan de Raimundo Fernández Villaverde entre 1899 y 1900. Con el país contra las cuerdas, este ministro subió impuestos, recortó gastos a lo bruto y aplicó una medicina amarguísima. Pero funcionó, los números salieron del rojo. Consiguió el primer superavit en medio siglo. Villaverde demostró que el déficit crónico no era una maldición inevitable. Era sólo de voluntad política. Demostró que equilibrar las cuentas era posible, pero los gobiernos anteriores simplemente fueron cobardes y no se atrebieron a dubir impuestos a las oligarquías >>.
La reforma Mon-Santillán de 1845 fue el primer sistema de impuestos moderno de España, creado por Alejandro Mon y Ramón de Santillán.
La reforma de hacienda de Juan Bravo Murillo, Fregenal de la Sierra (1849-1852) se centró en la Ley de Administración y Contabilidad de 1850, el arreglo de la Deuda Pública de 1851 y el fortalecimiento del Tesoro. Su meta fue poner orden en las cuentas del Estado y dar rigor técnico al manejo del dinero público.
El plan de Raimundo Fernández Villaverde como ministro de Hacienda en 1899 fue una gran reforma fiscal para arreglar la grave crisis económica de España tras la pérdida de las colonias. Sus puntos clave fueron el equilibrio del presupuesto, la subida de impuestos justos y el control de la deuda pública
.
Mis textos tienen el filtro de la documentación por distintas fuentes.

Comentarios
Publicar un comentario