Nada humano me es ajeno (homo sum, humani nihil a me alienum puto)
Nada humano me es ajeno (homo sum, humani nihil a me alienum puto)
La religión ha servido históricamente como sustrato ideológico para legitimar y mantener el poder establecido.
La idea es que la religión puede proporcionar justificaciones, valores y creencias que contribuyen a legitimar el orden político y social existente.
La integración y transformación por el cristianismo de la ética y la moral de Platón y Aristóteles.
Cuando nuestros ancestros bajan de los árboles y se hacen nómadas cazadores y más tarde sedentarios agricultores. Las primeras formas de organización, la unión comunitaria, las primeras ciudades y la leyes. El nacimiento del bien y del mal como herramientas de supervivencia y cohesión social. La separación segmentado entre nosotros y los otros, defensa del territorio y pertenencia afectiva a un grupo, tribu, clan...
Los sofistas pensaban que la cuestión de lo que es bueno o malo, es algo que cambia, es algo que fluye. Sócrates creía que había unas reglas totalmente básicas y eternas para lo que es bueno y lo que es malo. Mediante nuestra razón podemos llegar a conocer esas normas inmutables, la razón es algo eterno e inmutable.
Relativismo y escepticismo frente a verdades inmutables
Los sofistas pensaban que la cuestión de lo que es bueno o malo, es algo que cambia, es algo que fluye. Sócrates creía que había unas reglas totalmente básicas y eternas para lo que es bueno y lo que es malo. Mediante nuestra razón podemos llegar a conocer esas normas inmutables, la razón es algo eterno e inmutable.
Es curioso como Sócrates ha sido el faro de la filosofía occidental y los sofistas como maestros de la retórica, mercaderes del saber.
En la realpolitik (política realista) hay abundantes ejemplos de la concepción relativista de los sofistas respecto al bien y el mal, incluso otra vuelta de tuerca más: "El fin justifica los medios".
Nietzsche fue muy crítico con Sócrates, especialmente porque consideraba que su filosofía representaba un rechazo de la vida y de los instintos. Cree que la filosofía socrática busca encontrar una verdad racional y universal que permita controlar la existencia. ¿El sustrato del poder y la religión?
Nietzsche defiende una filosofía que afirme la vida, incluso con sus contradicciones, sufrimiento, incertidumbre e irracionalidad.
Sócrates identifica virtud y conocimiento: quien conoce verdaderamente el bien actúa bien. Nietzsche critica esta postura porque considera que el ser humano no actúa únicamente guiado por la razón, sino también por sus instintos y fuerzas vitales.
Platón creía que la verdad existía en el mundo de las ideas, no en el mundo sensible. La Idea del Bien ocupa la cúspide de la jerarquía de las Ideas.
En La República, mediante la famosa alegoría del Sol y la alegoría de la caverna: Las Ideas son realidades eternas e inmutables. Entre ellas, la Idea del Bien es la más elevada.
El Bien es lo que da sentido y fundamento a las demás Ideas, del mismo modo que el sol permite ver las cosas en el mundo sensible.
Por eso, conocer el Bien representa el grado más alto del conocimiento y permite al filósofo orientar correctamente su vida y gobernar.
Apropiación agustiniana
San Agustín adaptó la ética y la moral de Platón (y del neoplatonismo) al cristianismo, transformando la búsqueda racional de la Ideas y del Bien en un camino espiritual hacia Dios:
1. Identifica ese Bien supremo con el Dios cristiano, creador de todo lo existente.
- Iluminación divina: Platón creía que el alma recordaba las verdades (reminiscencia) por sí misma. San Agustín sostiene que las verdades y las ideas eternas no provienen del interior autónomo del alma, sino que son iluminadas en la mente humana por la luz de Dios.
2. El papel de la voluntad: En la ética griega primaba el intelectualismo (conocer el bien bastaba para practicarlo). San Agustín introduce el concepto de voluntad; no basta con saber qué es lo correcto, se necesita la voluntad y la gracia divina para amar y elegir el bien.
3. Concepción del cuerpo: Platón veía el cuerpo como una "cárcel" del alma. San Agustín, bajo el prisma cristiano, lo redefine como un templo del Espíritu Santo, parte de una creación que es buena en su origen.
4. El amor como motor moral: Las pasiones y la moral se reducen para San Agustín al orden del amor (ordo amoris): obrar moralmente bien significa amar a Dios sobre todas las cosas y usar las cosas terrenales en su justa medida, no como fines en sí mismos.
Apropiación de la ética y la moral de Aristóteles por Santo Tomás de Aquino. Más políticamente correcto, la influencia de Aristóteles en Santo Tomás de Aquino.
Santo Tomás de Aquino incorporó gran parte de la filosofía de Aristóteles a la filosofía cristiana durante el siglo XIII. Su objetivo no fue copiar la ética aristotélica, sino integrarla con las enseñanzas del cristianismo.
1. La finalidad de la vida humana
Aristóteles sostenía que todas las acciones humanas buscan un fin y que el fin último es la felicidad (eudaimonía). Para alcanzarla, la persona debe vivir de acuerdo con la razón y practicar las virtudes.
Santo Tomás acepta esta idea, pero la modifica desde la perspectiva cristiana: considera que la felicidad perfecta no puede alcanzarse únicamente en la vida terrenal, sino que consiste en la unión con Dios y la contemplación de Dios.
2. Las virtudes
Aristóteles considera fundamentales las virtudes adquiridas mediante el hábito, como la justicia, la prudencia, la fortaleza y la templanza.
Santo Tomás mantiene estas virtudes cardinales, pero las complementa con las virtudes teologales: fe, esperanza y caridad. Así, la ética aristotélica queda integrada dentro de una concepción cristiana de la vida moral.
3. La razón y la moral
Para Aristóteles, la razón permite determinar cómo debemos actuar y encontrar el término medio adecuado en cada situación.
Santo Tomás también considera que la razón humana tiene un papel fundamental para distinguir el bien del mal. Sin embargo, sostiene que la razón humana forma parte de un orden establecido por Dios y que la ley natural permite al ser humano conocer ciertos principios morales.
4. El concepto de virtud
Ambos filósofos entienden la virtud como una disposición estable que permite actuar correctamente. Santo Tomás toma esta concepción aristotélica y la adapta al cristianismo, relacionando la virtud con la búsqueda del bien y, en último término, con Dios.
La apropiación de la ética de Aristóteles por Santo Tomás consiste en una síntesis entre filosofía griega y pensamiento cristiano. Tomás conserva conceptos aristotélicos como felicidad, virtud, razón, hábito y finalidad, pero los transforma para hacerlos compatibles con la fe cristiana. Mientras Aristóteles sitúa la felicidad principalmente en la vida racional y virtuosa, Santo Tomás considera que la felicidad plena se encuentra en Dios.
Texto realizado con ayuda de la IA


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